No es fácil encontrarse con un tesoro escondido después de tantos años recorriendo las fincas de bravo de España y Portugal. Por eso supone una gran satisfacción presentar aquí la ganadería de Valle Blanco, un hierro joven que conserva una de las sangres más emblemáticas de la cabaña brava española.
¿Qué tiene de especial esta ganadería? Nada menos que la sangre de los míticos Antonio Pérez Tabernero, aquellos AP que durante décadas fueron referencia obligada en el campo bravo y que tuvieron su origen en la histórica finca de San Fernando.
Al frente del proyecto se encuentra Alfonso Blanco, ganadero sobradamente conocido por su trabajo con la raza morucha, donde su hierro figura entre los más prestigiosos de España. En 2016 decidió embarcarse en la aventura de criar ganado bravo. Gracias a la estrecha relación que mantenía con Antonio Pérez hijo, adquirió catorce vacas veiejas, de entre diez y doce años, todas ellas preñadas, además del semental Embustero, número 13.
Al año siguiente llegó un segundo lote de eralas sin tentar que se incorporó a los pastos de Villalpando (Zamora), donde el ganado quedó asentado en la magnífica finca de El Valle, que da en parte nombre a la ganadería.
Con camadas reducidas, El Valle Blanco lidia cada temporada alguna novillada con picadores, otra sin caballos y también se han corrido en festejos de rejones. El primer éxito importante llegó pronto. En 2019, durante una novillada celebrada en Belorado (Burgos), el cuarto novillo, de nombre Rastrojo, fue premiado con la vuelta al ruedo, un reconocimiento que confirmó el potencial de esta joven ganadería.
Actualmente cuenta con alrededor de 75 vacas de vientre y tres sementales, distribuidos en unas veinticinco familias. La selección se realiza mediante tientas de utreras, buscando afinar la bravura de las hembras y dotar de la máxima seriedad a las tientas.
Por la finca han pasado toreros de la talla de Emilio de Justo o Jiménez Fortes, quienes han podido comprobar de primera mano la nobleza, el fondo y las cualidades de unos animales que conservan una sangre que en otros tiempos fue imprescindible en las principales ferias taurinas.
La camada actual, corta pero muy bien rematada, presenta un notable trapío para su edad. Otra de las obsesiones del tanden Alfonso-Mario es buscar un toro más armónico, pues a veces el parladé da un tipo basto y alto. Y viendo las camadas de utreras y añojas se empieza a ver animales muy serios pero mucho mas armónicos y de manos cortas. De hecho, algunos utreros han despertado el interés de los veedores de Las Ventas, que han sugerido la posibilidad de embarcar algún ejemplar como sobrero en el futuro.
Desde estas líneas quiero agradecer a Alfonso Blanco y a su mayoral, Mario, la amabilidad y las facilidades ofrecidas para la realización de este reportaje. Gracias a ellos hemos podido acercarnos a una ganadería que mantiene viva una de las ramas históricas más apreciadas del campo bravo español.


















































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